Los niños y niñas sólo necesitan que se abra la puerta para ir a jugar. Ahí aparecen la imaginación, la risa, el disfrute, la creación. El juego es uno de los motores más efectivos para el crecimiento.
El apego a las pantallas a veces limita la posibilidad de jugar, presentando opciones más dirigidas que no contribuyen al despliegue de la creatividad.
Por eso, en este mes de la niñez, en el colegio propondremos una experiencia de tiempo vivencial que consiste en jugar con material descartable y desestructurado. Es maravilloso ver las posibilidades que los chicos y chicas tienen de inventar y descubrir cuando se les da esta posibilidad tan fácil de reproducir en casa.
Sin pilas, sin cable. Sólo con infancia.
Esto es para los adultos. Para aquellos que un día fueron niños.
Les propongo releer el primer capítulo de “El Principito”.
Sin duda, nosotros somos los grandes. Por edad, función, por responsabilidad.
Pero podemos ser grandes que sólo ven sombreros o grandes que pueden ver un elefante dentro de una boa. Para esto tenemos que conectarnos con nuestro niño interior.
Ese que es capaz de sorprenderse con lo grande o chiquito que la vida nos presenta.
Ese que puede reírse y disfrutar con pequeñeces. Que juega, imagina, contempla, divaga, inventa.
Todo esto lo tuvimos y puede estar a la mano para rescatarlo y usarlo o quizás más enterrado.
En este mes de la niñez, dediquemos un tiempo para reflotar aquello que nos da más vida, más alegría, más disfrute y espontaneidad.
Ingrid (Fundadora Southern Cross)







